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1549. Empatía en el juzgado

La Mediación Penal gana terreno gracias a jueces y voluntarias pioneros que apuestan por otra forma de hacer justicia
Las dos chicas tenían apenas veinte años. Una fuerte pelea acabó en los juzgados. Ni se miraban a la cara presas de la indignación. Una sesión de dos horas y media con la voluntaria Nancy Fernández Bargiela fue suficiente para que su enfrentamiento no llegara a juicio, hablaran de sus problemas y llegasen a un acuerdo. «Terminaron dándose un beso», dice esta profesional. La mediación gana terreno en la justicia andaluza gracias a jueces y voluntarias audaces, que han comprendido el valor del diálogo para solucionar conflictos. La empatía también tiene sitio en el juzgado.
En el Juzgado de Instrucción número 7 de Málaga el titular del órgano, Román Martín González López, selecciona unos sesenta expedientes mensuales de entre todos los asuntos que le llegan y los manda a mediación. En la jurisdicción penal esta práctica es más complicada por la trascendencia y gravedad de los delitos.
En este y otros dos órganos de Instrucción la experiencia, amparada por el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), se lleva a cabo de forma pionera desde hace tres años. Esta práctica está muy extendida en Familia, y en apenas 15 días se implantará en los juzgados de lo Mercantil, aunque si triunfa en Penal, como está ocurriendo, tendrá mucho camino recorrido.
«La mediación es una solución, porque muchas veces un juicio no arregla los problemas de fondo. Las malas relaciones entre las partes o los familiares siguen existiendo aparte de la respuesta judicial. Con la mediación, por ejemplo, si esas dos chicas se ven por la calle no se pegan otra vez», precisa el magistrado, un auténtico adalid de esta forma humana y empática de hacer justicia.
"Facilitar la comunicación"
En Instrucción 7 trabajan con la Asociación para la Mediación Familiar e Intergeneracional de Málaga (Amfima). Las abogadas y expertas mediadoras Nancy Fernández y Ana Avellaneda son dos de las voluntarias más veteranas, conocen el terreno y buscan el acuerdo con la seguridad y la mano izquierda con que un zahorí encuentra agua en un suelo seco. «El escenario es muy importante. Después de la denuncia, los enfrentados se ven en el juzgado y no pueden comunicarse. Nosotras lo que hacemos es facilitar la comunicación en un espacio distinto y resolver positivamente el conflicto», dice Avellaneda.
A lo mejor, cuentan ambas voluntarias, no llegan a un pacto agresor y agredido, «pero acaban mirándose a la cara». El magistrado Martín González asegura seleccionar, junto al secretario, los casos susceptibles de ser sometidos a mediación siguiendo su intuición. «A veces me da la impresión de que pueden llegar a un acuerdo, pero cuando el enfrentamiento es muy grande huimos de ello», recalca.
Una vez hecha la selección, el expediente pasa a Amfima, explica Fernández Bargiela, se manda una carta a los afectados ofreciéndoles el servicio, se les llama y, si aceptan, se les da una sesión informativa individual en un espacio reservado para el diálogo en la Ciudad de la Justicia. «Luego les preguntamos si quieren hablar entre ellos, pero también podemos hacer la mediación sin que se vean», relata.
El desconocimiento respecto a esta práctica es muy grande aún. El juez cree que debería publicitarse esta posibilidad en el Juzgado de Guardia y en el vestíbulo de los palacios de Justicia de todos los partidos judiciales, porque muchos ciudadanos no saben que pueden recurrir a esta vía. Él selecciona los casos, a veces piden la mediación los abogados, otras éstos la obstaculizan, pero lo que es seguro es que si ofensor y ofendido no conocen esta vereda no la tomarán.
Desconocimiento
«Muchos me dicen ojalá lo hubiera sabido yo antes», precisa. Los tres profesionales afirman que, de los que acceden a esta vía, el 80% acaba llegando a un acuerdo.
Ana Avellaneda recuerda uno de los casos que tuvo: un matrimonio llevaba a su hijo de tres años al médico de un centro de salud debido a una serie de males, el sanitario les dijo que iban demasiado y acabaron insultándose y cruzándose denuncias. Tras someterse a mediación, retiraron las acciones porque la madre «entendió que no supo hacerle ver al facultativo la preocupación que tenía por las enfermedades de su hijo y éste comprendió que no se explicó bien», reseña Avellaneda, que, junto a Fernández Bargiela, lleva desde 1999 estudiando esta vía.
«Agradecen mucho el diálogo, muchas veces unos dicen a los otros: si hubieras hablado conmigo no estaríamos aquí», precisa Nancy Fernández. «El problema es que un conflicto como el de estas chicas no les afecta sólo a ellas, sino también a sus grupos, los individuos se posicionan con uno o con otro. Aquello fue una escalada. Al final se relajó todo, ellas salieron convencidas de que eso termina allí».
Avellaneda se queja de que este servicio –voluntario, aunque hay mediadores privados– no está en todos los juzgados. Ambas profesionales insisten en que hay que extenderlo a todos –en Instrucción sólo otros dos órganos lo ofertan–.
Si se llega a un acuerdo, lo normal es archivar el procedimiento. Si no, nadie pierde, porque la investigación continúa. En lo que insisten estos tres profesionales es en que la mediación debería ser obligatoria, al menos para determinados delitos. «Yo lo pondría como una opción ante determinados delitos: estafas, apropiaciones indebidas, daños, lesiones, injurias y amenazas, y estudiaría otros», indica el magistrado, quien añade que la mediación evita, precisamente, la doble victimización del proceso penal: no hay que declarar lo mismo a la policía, al juez y luego repetirlo en el juicio.
La primera sesión es la más difícil. Hay que romper la tensión, el hielo, llegar al corazón del conflicto. «Les decimos que el juez ve que él puede resolver su asunto; eso a la persona le da fuerza. La gente se queja de que en el juzgado no le dejan hablar y aquí se facilita el sitio», precisa Fernández Bargiela. Avellaneda recuerda que nada hay que perder.
La abogada Nancy Fernández asegura que le gusta resolver el tema en la primera de las citas, no en las siguientes porque cuando salen de la sala los protagonistas reciben la opinión de todo el mundo y eso les influye. «Lo máximo han sido tres sesiones», precisa, aunque Ana Avellaneda subraya que la primera «es la clave».
¿Cómo se les entra, qué se les dice para que confíen en la persona que media, cómo echar abajo ese muro de indignación y silencio? «Los haces hablar, le refuerzas de forma positiva su versión sin llamar mentiroso a nadie. Es el lenguaje», apostilla Nancy Fernández, a lo que Avellaneda agrega: «El trabajo lo hacen ellos cuando la gente está dispuesto a resolver el problema». Es, otra vez, la semántica.
Con una disculpa vale
Muchas veces no quieren dinero, ni ver al otro entre rejas o una orden de alejamiento, explican, simplemente se conforman con una disculpa. En el juicio se va al grano, porque los juzgados están saturados de procesos. La mediación además supone un ahorro de dinero y tiempo para la justicia: no hay que celebrar actos, comparecencias o juicios innecesarios ni citar testigos o peritos.
Avellaneda recuerda una mediación que ilustra a la perfección lo que cuenta: un problema de tráfico acabó con un joven y un hombre enzarzados en una refriega; en un juicio, hubieran sido condenados. En la mediación, uno supo que el chico conoció ese día que su padre tenía cáncer y el otro no podía soportar que lo insultaran delante de su mujer. «Se conocían del barrio. Llegaron a pedirse perdón. Uno le dijo al otro: ‘No ha sido para tanto, pero me insultaste’. Al final se dieron la mano y se tomaron algo abajo», a lo que el juez añade: «Con una disculpa se quedan más que satisfechos».
La mediación penal se abre paso poco a poco pero sus protagonistas quieren más espacio. Sólo necesitan tiempo y diálogo.
José Antonio Sau. Laopinióndemalaga. Málaga, España. 15/02/15

1375. Los ojos del otro

Hasta que la muerte no los separe
Una víctima de ETA y uno de los asesinos de su marido cuentan en un libro su encuentro restaurativo La obra sobre la mediación se presentó en el Colegio de Abogados de Sevilla
Córdoba, España. Ni Truman Capote en A sangre fría. En el libro Los ojos del otro (Sal Terrae) coinciden Maixabel Lasa Iiturrioz (Lejarreta, Guipúzcoa, 1951), que escribe el prólogo, y Luis María Carrasco Asenguinolaza, uno de los tres presos de ETA que cumplen condena por el asesinato de su marido, Juan Mari Jáuregui, el 29 de julio de 2000. Víctima y asesino se conocieron en una salita de la cárcel de Nanclares de Oca el 26 de mayo de 2011 en presencia de Esther Pascual (Madrid, 1978), mediadora y artífice de los llamados encuentros restaurativos que se recogen en dicho libro, que se presentó el jueves en el Colegio de Abogados de Sevilla.
La viuda de Jauregui leyó las palabras con las que termina la colaboración del asesino de su marido cuando celebraban sus bodas de plata: "Aquella mañana me disponía a pedir perdón por un crimen imperdonable".
Siete mediadores participaron en un total de catorce encuentros, una iniciativa al amparo de la vía Nanclares interrumpida por el Gobierno de Mariano Rajoy. "Mucha gente piensa que el proceso se fomentó desde las víctimas y es al revés, nace en los presos", dice Txema Urkijo (Llodio, Álava, 1961), impulsor de la iniciativa siendo asesor de la Dirección de Víctimas del Gobierno Vasco, coautor del epílogo con Mercedes Gallizo, ex directora de Instituciones Penitenciarias.
José Joaquín Gallardo, decano del Colegio de Abogados de Sevilla, recordó a dos colegiados muertos en atentado terrorista: Fernando Múgica Herzog y Alberto Jiménez-Becerril. "En el fondo todos hemos sido víctimas de ETA", dice José Castilla (Sevilla, 1971), uno de los siete mediadores. Valora el paso que dieron los presos de esos encuentros. "Cuando salgan fuera, no los va a acoger nadie. Unos, por terroristas; otros, por traidores".
Esther Pascual, "ella solita, de manera original, artesanal", en palabras de Castilla, llegó un día a la cárcel de Nanclares de Oca. "Los presos no saben quién soy ni quién me manda". En el aula sociocultural les habla de la mediación. "Allí hay uno que se atreve a levantar la mano. Cuando voy por el pasillo, se suman otros y empiezo a trabajar con cuatro".
Hay una línea roja. "Las víctimas no pueden volver a ser víctimas". Encuentros muy largos con los etarras, mucho más cortos con sus víctimas. Esther no se anda por las ramas. "Les pregunto qué se siente al matar, si es capaz de dormir, si miró a los ojos a su víctima antes de matarla". Algo parecido hizo Maixabel con Carrasco, el asesino del gobernador civil de Guipúzcoa. "Le pregunté si conocía a mi marido, si sabía que estuvo preso por pertenecer a ETA, que actuó en la Audiencia Nacional en el juicio contra Galindo en apoyo de Lasa y Zabala".
Dos terceras partes del equipo de la Dirección de Víctimas del Gobierno Vasco han sido víctimas, dice Urkijo, que trabajó con los gobiernos de Ibarretxe, López y Urkullu. "Había presos que necesitaban acercarse al objeto de su error y no sabían cómo hacerlo, no sabían si verlos, escribirles, querían acercarse a las víctimas".
Otro de los asesinos de su marido expresó su deseo de tener un encuentro con Maixabel, pero las "trabas" del Gobierno lo impidieron. "Me tranquilizó saber que no iban a obtener ningún beneficio penitenciario", dice la guipuzcoana, "no sabía si sacaría algo positivo de la reunión, y al final salí relajada. Me dio tranquilidad y mucha paz interior para mí, mi hija y mis dos nietas. Seguro que Juan Mari también le habría dado esa segunda oportunidad".
En la presentación hubo profesionales de la mediación. Entre ellos, Concepción Sáez (Madrid, 1957), del nuevo Consejo General del Poder Judicial. "Las apariencias y los prejuicios hay que dejarlas aparte. Muchas veces es más difícil mediar en una falta de amenazas entre vecinos que en delitos muy graves". Mediación que sólo excluye para crímenes de guerra, "el arquetipo de lo inexpiable", en palabras de Hannah Arendt. En el libro colaboran la psicóloga Francisca Lozano, el sacerdote José Luis Segovia Bernabé y el jurista Julián Ríos, entre otros.
Francisco Corrarl. El Día de Córdoba.es. 19/01/14
http://www.eldiadecordoba.es/article/andalucia/1689927/hasta/la/muerte/no/los/separe.html

973. El Juez como Mediador

Hace años, participé en un curso de capacitación de Richard Salem sobre mediación dirigido a la adquisición de competencias por parte de jueces jubilados, y nunca olvidaré las palabras de un Juez Decano recientemente jubilado al contemplar una carrera en la mediación “Kenny, quieres decir que sólo voy a escuchar sin decirle a las partes a lo hacer? ¡Imposible! Yo no! ". He visto varios profesionales muy inteligente realizar los exámenes de acreditación de la mediación creyendo que son mediadores calificados. Sin embargo, ellos se encuentran en conflicto durante las sesiones de mediación. De particular interés fue un juez retirado que, tras una carrera excelente, decidió aceptar la mediación activa ya que aún hervía de “juventud”. ¡Ay! Su primera sesión fue bastante frustrante y no más fáciles las sesiones posteriores, hasta el punto de que se acercó a mí en su frustración, ya que sus mejores esfuerzos parecía golpear las rocas. Su historia es similar a muchos, incluido el Juez Decano retirado y muchos amigos míos de la práctica activa legal que deciden utilizar la mediación como una actividad paralela a sus prósperas actividades. La mentalidad de varios de estos profesionales, por lo demás inteligentes, es que la mediación debe ser “un pedazo de pastel”.
¿Por qué entonces la mediación es difícil para estos mediadores, altamente capacitados y calificados académicamente? Puede haber varias razones, pero he notado que muchos de ellos no tienen el paradigma de un mediador en la solución de controversias. ¿Cuál es entonces el paradigma de un mediador? Esto se refiere a la postura o la percepción que debe tener el mediador al ver y resolver las disputas que aparecen frente a él. Algunos de estos atributos son:
a. Siempre neutral: Un mediador no es o no debería inclinarse en ningún momento en favor de una de las partes en detrimento de la otra. Esto es sagrado! [...].
b. Empatía: Esto puede sonar algo confuso o contradictorio con el punto anterior, pero no lo es. Un buen mediador indica a las partes una medida de la pasión o la comprensión de su caso. Se trata de una empatía profesional, que indica la comprensión suficiente para generar confianza de las partes. Esto es importante porque tienen que abrirse al mediador y no lo hacen habitualmente, a menos que sienta el asunto realmente se preocupa.
c. Pensamiento Lateral: La mentalidad del mediador no gira a la izquierda y la derecha, se centra en alcanzar o lograr una solución aceptable entre las partes. De hecho, la marca de todos los buenos mediadores es su capacidad de llevar a cabo varios escenarios hacia una solución amistosa de la controversia.
d. Persuasión, no la coerción: Un reto importante para el juez que durante 20 años decretó la obediencia de las partes ante él es que él entró en la mediación y descubrió que tenía que trabajar al “ritmo del cliente”. Recuerden, la mediación es una ayuda en la negociación y usted es el facilitador para llevar a las partes a una solución que las partes acuerdan y en la que se sienten cómodas. Un acuerdo mediado es el fruto de la negociación en un mundo perfecto, nunca algo diferente!
e. Siempre Ventajas: No se deje engañar por el término mediación o el carácter informal del proceso como para pensar que el proceso de mediación es una negociación que debe seguir su curso! Si así fuera, las partes no le necesitarían! El mediador siempre debe estar a cargo, pero sin mostrarlo de manera innecesaria. La sesión no debe nunca encontrarse fuera de control. Usted debe guiar a las partes con cuidado hacia sus verdaderos intereses en la materia. Usted debe ser extremadamente vigilante para evitar la intimidación psicológica y saber cuándo llamar a un descanso cuando la atmósfera se vuelve demasiado cargada. Lo más importante, un mediador debe saber cuándo terminar una sesión si el acuerdo es imposible.
No puedo agotar todos los atributos del paradigma del mediador, pero me identifico con la mayoría de los jueces que, a pesar de su carrera, no tienen preparación para acceder al mundo de mediación. Para el abogado astuto en la litigación, lograr este paradigma puede tardar un poco, hasta que los viejos hábitos desaparezcan, pero yo soy un firme creyente de que la cultura de la mediación puede ser cultivada por la práctica diligente y una gestión enfocada de la mente. Espero que lo intenten, ya sé que usted puede!
Kenny Aina y Aina Blankson. Kluwer Mediation Blog.com. 17/11/2011

940. Empatía para llegar al Justo Medio

Málaga, España. El agresor y el agredido pueden abandonar el diálogo, que es confidencial, en el momento que lo deseen. La empatía es la identificación mental y efectiva con el otro, pero es una cualidad que escasea en una sociedad consumida por las prisas, los conflictos y el individualismo. En Málaga hay 35 personas que se dedican, precisamente, a lograr que las dos partes de un proceso penal lleguen al punto medio, el preferido de Aristóteles, o por lo menos alcancen un acuerdo de mínimos facilitando así la tramitación de la causa y revalorizando el papel de la víctima, habitualmente olvidada en textos legales y procedimientos judiciales.
El pasado 28 de julio nació en Málaga la Federación de Mediadores Andaluces (Feman), un colectivo que aglutina a los voluntarios de tres asociaciones especializadas en la mediación: Amfima, Mediamos y Solucion@.
Aunque la mediación es una experiencia que se está aplicando con éxito en el ámbito de Familia y en otros partidos judiciales españoles, en Málaga Feman está siendo pionera, dado que está implementando un proyecto piloto en el ámbito penal, el más difícil a la hora de conciliar.
Nancy Fernández Bargiela, presidenta de Feman, asegura que se presentó el proyecto conjunto a la Administración autonómica «porque tenía sentido trabajar con un colectivo que tuviera más peso», mientras que Georgina Moreno, miembro de la federación, indica que es una forma de adquirir personalidad frente al resto de operadores jurídicos.
Una mediadora, según María del Carmen Santiago, es aquella persona que «crea un espacio de comunicación entre dos personas para tratar de que ellos resuelvan el conflicto. Nunca se les propone la solución».
Los profesionales que se dedican a esto son, en este caso, voluntarios, y gratuito y libre es el acceso a este servicio que no deja de ser un plus o un enfoque dinámico y novedoso del tradicional tratamiento que se da a los problemas por parte del juez. Es la cara más humana de la Justicia.
Son psicólogas, abogadas, trabajadoras sociales, médicos, etcétera –la mayoría son mujeres– con un máster o un curso de experto universitario en Mediación. Con diferentes técnicas comunicativas o psicológicas se busca propiciar un clima que permita a la víctima y al presunto agresor llegar a un acuerdo de mínimos, o de máximos.
De momento, son los jueces los que eligen los temas en los que se pide a Feman que medie y se está realizando la actividad, desde septiembre, en juicios de faltas, con la vocación de extender su área de influencia a los delitos. De momento, el protocolo durará un año. El tiempo dirá si hay éxito o no. Los juzgados que se han implicado en la experiencia son los siguientes: los de Instrucción 7, 14 y 13, y los órganos de lo Penal 8, 10 y 7.
«Buscamos que la persona se ponga en el lugar del otro, aunque no siempre tiene por qué haber un resultado positivo; puede que no se llegue a un acuerdo pero ha sido positivo, porque por lo menos las partes se han sentado a dialogar y están en vías de resolver el conflicto», dice la presidenta de la federación.
Ana Avellaneda, abogada y mediadora, incide en el papel de la víctima en el proceso penal español, el eslabón más débil: «Aquí tiene mucho que decir. La experiencia hasta ahora ha sido muy positiva, pero necesitamos que las administraciones le den publicidad para que la gente sepa que estamos aquí, que existe esa herramienta a su disposición».
Víctima y ofensor pueden levantarse de la mesa cuando quieran, al igual que el mediador si no hay respeto en el diálogo; «se le pide más al perjudicado, porque el otro va a obtener un beneficio», apunta Fernández Bargiela.
Es el togado quien elige el procedimiento y escribe una carta a las partes seleccionadas por si quieren participar en el proyecto piloto; los mediadores, acto seguido, hablan con ellas y, si su respuesta es positiva, pueden comunicarse en un espacio habilitado al efecto en la Ciudad de la Justicia. Después, se remite el asunto al juzgado. Eso sí, hay confidencialidad; si no se alcanza un pacto, el juez no tiene por qué saber el motivo. Si existe entendimiento, son ellos mismos quienes lo deben comunicar al togado, pese a que el proceso penal sigue su curso independientemente del éxito o el fracaso de la mediación.
Recompensa
La recompensa para el perjudicado es que puede hacer al otro saber cómo se ha sentido, mientras que el agresor puede obtener cierto beneficio en la pena como una atenuante, lo que conllevará una cierta mengua en la dureza del castigo ya sea en años de cárcel o en la multa.
La respuesta de la gente, por ahora, está siendo positiva. «La gente lo pide como algo que no conoce, como un complemento, y cuando se les dice de qué va se prestan a venir», apunta la presidenta.
Las asociaciones son Mediamos (656609606); Amfima (952102637 o 63988044) y Solucion@ (647777530), aunque es el togado quien informa, si lo entiende conveniente, al afectado.
José Antonio Sau.La Opinión de Málaga.es. 13/11/2011

855. Para ser asertivo escucha y ponte en el lugar del otro

Monterrey, Nuevo León. La comunicación es el hilo invisible que une o desune a los seres humanos. Una comunicación asertiva mejora las relaciones humanas y fortalece la personalidad de quien la practica.
La asertividad es la habilidad de comunicar de manera directa, franca y equilibrada, las ideas y sentimientos, es decir, nos permite expresar nuestras opiniones, pensamientos y sentimientos de forma adecuada y en el momento oportuno, sin faltar ni negar los derechos de las otras personas.
Ser asertivo incrementa la autoestima, la confianza en sí mismo y la satisfacción personal por hacer cosas. Además de mejorar las relaciones sociales, la aceptación y el respeto de los demás.
Es indispensable cuidar el respeto porque si falla, se trunca la comunicación. Esto no quiere decir que estés de acuerdo con todo lo que te dicen, pero es importante cómo y cuándo expresas tu opinión.
Una señora estaba tan molesta porque su hijo le dijo que no lo habían escogido para el equipo de futbol, que corrió al colegio y con palabras altisonantes reclamó que su hijo era muy buen jugador.
Después de escucharla con tranquilidad, el maestro le mostró la lista del equipo en la cual su hijo aparecía enlistado. El niño se equivocó y la mamá también al faltar al respeto y hacer un conflicto donde no lo había. Ante esto, lo mejor que puede hacer para restablecer la comunicación es hablar con la verdad y pedir una disculpa.
Los malos entendidos terminan cuando las personas entienden el punto de vista de los demás y se saben ajustar a la realidad que los rodea.
Es necesario clarificar ideas y ponerse en el lugar del otro para entender lo que nos quiere decir. No hay que acelerarse.
Cuentan que un día llegó un niño a preguntar a su padre: "Papá, ¿qué significa sexo?". El papá, nervioso, dio una larga explicación. Cuando terminó, el niño le preguntó: "¿Entonces qué pongo en esta pregunta, masculino o femenino?".
Es necesario interesarse por el otro y escuchar con atención para no "jugar al teléfono descompuesto" y llegar a conclusiones que no tienen nada que ver con el mensaje que nos quisieron transmitir.
Muchos problemas se generan por esto. Cuando la persona que quiere platicar algo percibe que la otra está pensando en otras cosas o distraída se siente rechazada y la comunicación no fluye igual o se termina.
Atención, sinceridad y respeto son una buena mezcla para la comunicación asertiva.
La autora es conferencista de Escuela de Padres y cuenta con Maestría en Ciencias del Matrimonio y la Familia y Diplomado en Desarrollo Familiar.
El Norte.com. Vida!. Proyecto Familia. 26/7/2011

Mediación y Paz



Según Vincenc Fisas, (1) la mediación es un proceso que activa la participación de las personas para solucionar sus propios conflictos; invita a la búsqueda de soluciones. Es una forma de ampliar el sistema de relaciones sociales, es una cultura de compromiso y del diálogo, un actuar ético, en la medida que es un ejercicio de respeto, de empatía, de confianza, de solidaridad. (2)




(1) Vincenc Fisas es títular de la Cátedra UNESCO sobre la Paz y Derechos Humanos en la Universidad Autónoma de Barcelona; Doctor en Peace Studies por la Universidad de Bradford y autor de más de veinte libors sobre paz y conflictos. Es presidente de la AsociaciónEspañola de Investigación para la Paz (AIPAZ)
(2) Fisas, Vinces. Fisas, Vinces. Cultura de paz y gestión de conflictos. Ed. Icaria/Antrazyt. UNESCO. Barcelona . 2001. p. 209.

Revista Conexión Social

Universidad Autónoma de Zacatecas presenta: Panel del Día Internacional de la Paz

Mediación. Temas selectos

Cultura de Paz y Mediación

Negociación

Métodos Alternos de Solución de Conflictos de José Benito Pérez Sauceda

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Métodos Alternos de Solución de Conflictos: Justicia Alternativa y Restaurativa para una Cultura de Paz por José Benito Pérez Sauceda

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