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1241. Lincoln, el Negociador

Monterrey, Nuevo León. Una de las clases más populares en las escuelas de Negocios es la de Negociación. Por lo que acontece hoy en el mundo, quizá no haya una habilidad más importante que la de negociar con opositores.
En los ámbitos económico y político sólo basta el recuento de los problemas de Europa, Estados Unidos, Oriente Medio y Asia para entender la relevancia de que opositores puedan encontrar puntos intermedios de acuerdo.
México no escapa a esta necesidad: tenemos 15 años de parálisis legislativa en sectores críticos como el petróleo, gas, electricidad y telecomunicaciones.
Expertos indican que la diferencia en el crecimiento económico de un México con y sin reformas pudiera rondar entre el 2 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), y que cada punto porcentual de crecimiento generaría unos 200 mil empleos.
Tomando un 1.5 por ciento como base, los 15 años de parálisis mexicana representarían cerca de 300 mil millones de dólares de PIB anuales en el 2012, habiéndose dejado de generar 4.5 millones de empleos en los últimos tres lustros.
Imperativo negociar. En el mundo y en México.
Y aquí es donde quizá un personaje de hace 160 años pueda dar algunas lecciones sobre el tema: Abraham Lincoln.
Lincoln, la excelente película de Spielberg que se estrena hoy en México, y "Team of Rivals", el interesante libro de Doris Kearns Goodwin, nos permiten conocer cómo este político republicano negoció la enmienda constitucional para abolir la esclavitud.
Para no arruinar la película o el libro a quien la quiera ver o leer (les recomiendo ambos), bastará enumerar tres lecciones de Lincoln    
1. Incorporar a los rivales: mejor tenerlos cerca al negociar, que lejos. Si los rivales son de tu mismo bando, inclúyelos en tu equipo. Si son del bando contrario, ten un trato personal, escúchalos y conócelos.
2. Utilizar el poder que se tenga, pero de forma inteligente. Cuando hay que negociar con gente dogmática, la razón no será suficiente. Hay que presionar, ofreciendo opciones de premio o castigo.
3. Desde "lejitos", no. Los líderes se tienen que involucrar. El trato personal es importante, tanto para suavizar las negociaciones, como para terminarlas. Al final, cuando se necesitaban los últimos votos, Lincoln se atravesó utilizando -según el caso- tácticas suaves o duras para convencer.
Los malos resultados de algunas negociaciones se pueden entender al comparar estos principios con el actuar de Obama y los republicanos en Estados Unidos, o de los políticos mexicanos.
En el caso de Estados Unidos, "El Precio de la Política", de Bob Woodward, es otro libro que ayuda a entender el atorón norteamericano. Narra con lujo de detalle las fallidas negociaciones de mediados del 2011 entre Obama y los republicanos para extender el límite de la deuda.
Woodward revela una calca de lo que sucedió hace apenas unas semanas (y que va a volver a suceder en febrero) y que culminó con un acuerdo pequeño para evitar el precipicio fiscal, llegando hasta las rayadas de madre entre los líderes republicanos y demócratas.
Posturas dogmáticas de ambos lados. Un Presidente que quiere ponerse en el centro del proceso, que no toma en cuenta a sus aliados y menos a sus rivales, y que ocupa un rol que quizá corresponde a los legisladores. Animadversiones personales. Fallas en la comunicación. Egos gigantes.
Por cierto, la salida de Tim Geithner y la llegada de Jack Lew a la secretaría del Tesoro no es un buen augurio para la nueva gran negociación sobre el límite de la deuda de Estados Unidos.
Woodward revela que Geithner es de los personajes más respetados por los republicanos, mientras que Lew (director de presupuesto en el 2011) es quizá el actor que más aborrecen, "no sabe llegar al sí", de acuerdo con los republicanos.
¿Y en México? Negociaciones sin un real diálogo personal, sin conocer a los aliados y menos a los rivales. Sin escucharlos e incorporarlos. Con la ausencia de premios y castigos en una presidencia que se veía sin poder.
Urge que los líderes políticos aprendan del pasado para negociar en el presente la posibilidad de un mejor futuro.
En pocas palabras...
"No dejes que tu ego esté demasiado cercano a tu postura, para que si la misma es derribada, no se lleve consigo a tu ego". Colin Powell, general y ex Secretario de Estado de Estados Unidos.
Jorge A. Meléndez Ruiz.
Reforma.com 18/01/13
http://www.reforma.com/editoriales/negocios/686/1370769/default.shtm

1150. Claves para negociar la venta de mi empresa

Madrid, España. En tiempos de crisis, se tiende a pensar que hay que vender todo a precio de saldo. Y los compradores esperan obtener descuentos de ganga incluso cuando lo que están adquiriendo es una empresa. Pero no es necesariamente así. El problema es que, para maximizar el valor de una compañía, es necesario ser capaces de negociar su venta.
“No se trata, como creen algunos, de habilidades innatas”, explica Enrique Quemada, consejero delegado del banco de Inversión ONEtoONE Corporate Finance, especializado en fusiones y adquisiciones de pequeñas y medianas empresas. Según el ejecutivo, el éxito en la negociación para vender una empresa es una cuestión técnica. “Hay algunas pautas que es necesario seguir, sin las cuales cualquier conversación fracasará”, asegura.
Preparar la empresa antes de negociar
“Cuando se vende una compañía o una parte de ella, hay que tener una visión estratégica desde el primer momento y no dejar nada al caso”, explica Quemada. Así, antes incluso de empezar a buscar un posible comprador, es fundamental dejar el negocio en las mejores condiciones posibles para su venta. Así, “si lo que se quiere vender es sólo una parte del negocio, es posible que escindirlo, desde el punto de vista societario, del resto de la empresa, pueda favorecer el proceso de negociación”, asegura el directivo. Además, es necesario que el organigrama de la compañía sea coherente con los objetivos del vendedor. De la misma manera, es aconsejable, en la medida de lo posible, evitar pleitos, impagos y otras situaciones problemáticas.
Los problemas, primero.
En el caso de que las situaciones problemáticas no se consigan evitar, lo mejor es decirlo enseguida, por varias razones. “En primer lugar, al comienzo de una negociación, todo el mundo tiene muy buena disposición hacia la contraparte, mientras, a medida de que ésta procede, la relación suele atravesar momentos de mayor tensión”, explica Quemada. “Además, si yo comunico los problemas en el primer momento, transmito la imagen de una persona en la que se puede confiar a la hora de hacer negocios. De lo contrario, si espero al último momento, puedo dar la impresión de estar engañando al comprador”, añade el banquero.
Analizar la otra parte
Antes de empezar a negociar, es necesario tener un conocimiento profundo del posible comprador. Es necesario saber qué posibles sinergias existen con él, las razones por las que quiere comprar una empresa y conocer otras operaciones similares que se hayan llevado a cabo. “De esta forma, seremos capaces de enmarcar correctamente la operación y presentar un argumentario basado en hechos racionales”, explica Quemada. Por esta razón, cuando empiezan las conversaciones, es importante preguntar y tener una actitud de detective. “Cuanto más conozco a la contraparte, mejor”, indica el ejecutivo.
El precio
En este sentido, hay que tener en cuenta que en el cálculo del importe de la operación, hay un aspecto al que se suele conceder poca importancia y que, en cambio, es fundamental: la forma de pago. “Generalmente, el comprador decide el precio y el vendedor, la forma de pago”, asegura Quemada. Así, fórmulas como el pago aplazado no benefician al vendedor, porque se suele realizar sin intereses y, por lo tanto, hay que descontar la inflación al deporte de la operación. De la misma forma, el establecimiento de una parte de pago variable, según los resultados de la compañía, puede ser fuente de problemas en el caso de que ésta no gane lo esperado, incluso si este resultado es imputable al comprador.
Relación personal
Se trata de un aspecto fundamental en la negociación con personas de cualquier cultura. “Fortalecer el aspecto personal con la contraparte, buscando afinidades, ayuda al éxito de una negociación. Al final del proceso, casi siempre hay bronca y el hecho de que la otra parte se fie es necesario para que éste no se interrumpa”.
Gestionar los silencios
“Se trata de momentos importantes, aunque extremadamente incómodos. Sirven para medir las fuerzas entre las dos partes”, explica Quemada, que añade: “Nunca hay que hacer dos concesiones seguidas. Cuando hago una, siempre tengo que pedir algo a cambio”. Además, es muy últil acudir al llamado ‘recurso a la autoridad’. “Frases como ‘lo consulto con mi jefe’, aunque éste no exista, siempre crean en la otra parte algo de incertidumbre y, al mismo tiempo, evitan que ésta presione demasiado”, matiza el ejecutivo.
Un Mediador
Por esta razón, puede ser útil utilizar a un intermediario experto. Además de ser un técnico y conocer tanto el mercado, como las reglas de negociación, él siempre tendrá una autoridad a la que acudir: su cliente.
No tener miedo
No hay que tener excesivo miedo a la ruptura de una negociación. Las interrupciones, en estos casos, son frecuentes y, la mayoría de las veces, las conversaciones se reanudan. Además “a un negociador le produce el doble de la satisfacción cerrar un trato cuando la otra parte se lo ha puesto difícil”, asegura Quemada, que concluye: “Ésta es, quizás, la clave de cualquier negociación: nunca se trata de una operación que suma cero. Si se hace bien, siempre acaban ganado las dos partes”.
Gabriele Cagliani. Expresion.com. 08/10/2012

1136. ¿Se puede seguir enseñando Mediación desde la Negociación?


Opinión Invitada
¿Se puede seguir enseñando Mediación desde la Negociación?
Franco Conforti 1
Es costumbre en mi ya que cuando me invitan a dar una charla, seminario, curso, etc., comience por escribir  nuevas dinámicas o ejercicios, haga nuevos Power Point y redacte nuevos artículos o materiales teóricos.
También es inevitable que rebusque en los trabajos de colegas nuevas ideas, enfoques y relea algunos de los libros de mi biblioteca en búsqueda de refrescar aquello que voy a presentar o sobre lo que voy a trabajar.
Sin precisar fecha alguna creo que se puede partir diciendo que en España la mediación ya lleva más de una década de recorrido, leyes autonómicas, reglamentos, leyes de las autonomías que reforman amplían y mejoran las anteriores, libros de diversos autores de toda España, artículos de investigación y de divulgación científica, tesis doctorales en mediación, años de cursos universitarios como especialistas, ahora evolucionados a masters, y de masters, master-doble, proyectos de ley nacional, ley nacional, etc., se pueden ya considerar parte del acervo teórico de producción y carácter nacional.
Con todo ello mi asombro se plasma cuando voy a realizar esa tarea de revisión de trabajos de colegas y descubro que aún y a pesar de toda el agua que ha corrido bajo el puente, siguen enseñando mediación a través de la negociación.
¿Entonces, cómo pretendemos darle “cuerpo” a la mediación? ¿Quién va a creernos cuando decimos que tenemos una metodología o herramientas propias?
Entiendo que hay que dejar de lado ya la negociación cooperativa, la facilitación, la intervención, etc.
¿Acaso un actor caracterizado como “clon” o “payaso” no puede interpretar un papel dramático? Claro que sí ! pero vamos a coincidir en que el maquillaje del rostro no va a permitirle al público apreciar la angustia o desesperación en su rostro, y vamos a coincidir en que sus traje multicolor difícilmente los ponga en situación, cuanto menos nos distraerá digo yo.}Vamos a ver no es que no se puede enseñar mediación a través de la negociación, no estoy diciendo eso, lo que digo es que ya va siendo hora de que quienes se consideran profesionales de la mediación empiecen a utilizar un lenguaje técnico propio que diferencie a la mediación de otras formas de resolución alternativa de conflictos, que pongan ejemplos de mediaciones por ellos vividas es decir en las que hayan participado, etc.
Los riesgos de seguir enseñando mediación a través de la negociación no son pocos, en algunos de los materiales que he visto en estos últimos días, se emplea un vocabulario técnico que no es propio de la mediación ¿cuando ha oído usted en una mediación hablar a las partes de “su mejor alternativa a un acuerdo no negociado”, etc.? o eso otro de que el mediador debe estar atento para descubrir la “zona de posible acuerdo”.
Se hacen afirmaciones tales como que el mediador “debe animarse a hacer una intervención de tipo terapéutica”, “que debe facilitar que las partes ventilen sus emociones”, “tiene que promover la negociación entre las partes”, “que las emociones son el conflicto”, “que la parte no está legitimada para reclamar esto o aquello”, etc. algunas carecen de todo sustento teórico y otras directamente son completamente equivocadas en el contexto de una mediación (aunque puedan tener sentido en una negociación).
Me sorprende que muchos colegas no citen las fuentes de sus trabajos, no hay notas al pie y ni que hablar de una bibliografía.
Como ya he dicho, en España ya hay muchos y muy buenos libros de mediación, algunos autores incluso tienen experiencia en mediación, han trabajado durante años  como mediadores en distintos servicios públicos y privados.
Si hacemos las cosas bien la mediación podría ser considerada una nueva disciplina, ello entiendo sería posible a partir del importante cuerpo teórico (con un objeto disciplinar particular “el conflicto”, con enseñanza en el ámbito universitario, con centros públicos y privados de investigación, etc.), y de la extendida praxis (reglada por gran amplitud de normas jurídicas –leyes, decretos, resoluciones, recomendaciones, etc.-) y con el reconocimiento social de la figura del mediador como una concepción de la figura del operador de conflictos 2 con que cuenta a la fecha.
En lo personal, creo que la mediación como una de las formas de gestión adecuada 3 de conflictos, está muy próxima a poder ser considerada una nueva disciplina.
Tan innegable resulta, que esta nueva disciplina aún está por consolidarse, como que su cuerpo teórico se enriquece permanente por una doble vía: por un lado se nutre de los constantes aportes de la diversidad de metodologías que asisten a su nacimiento 4, mientras que por otro lado lo hace gracias a las aportaciones de los resultados de la práctica misma que retroalimentan el cuerpo teórico del que doy cuenta.
La mediación, sigue ganando espacios en todos los ámbitos en que se mire y los programas de trabajo varían o se adecuan conforme al ámbito en que el mediador desarrolla su trabajo.
La distinción entre los diversos tipos y formas de trabajo, está en el objeto que cada una de ellas persigue, distinguiéndose dos grandes grupos:
Métodos, que en su procedimiento, toman como base de su actuación el conflicto: el abordaje del conflicto se realiza desde la comprensión de las diferencias que habitan en el conflicto con el objetivo de superar sus percepciones y efectos negativos. El conflicto, es el objeto de trabajo y todo el proceso gira entorno a conseguir su transformación, sea que se utilicen técnicas para revelar intereses ocultos, como para mejorar la inter-relación de las partes, etc.; y
Métodos, en los que el procedimiento no aborda el conflicto y buscan el cambio creando o construyendo el futuro colectivamente deseado por las partes: aquí se deja de lado el conflicto 5, para darle protagonismo a aquellas cosas que (aún y a pesar de la existencia de conflictos) sí funcionan. El trabajo y el esfuerzo del proceso se centra en recordar momentos de éxito, para re-crearlos y crear así un futuro deseado de forma conjunta o colectivamente por quienes intervienen en el proceso.
A su vez, el mediador hará un análisis de las situaciones para establecer que método o tipo de procedimiento que utilizará; y aquí la mediación se vuelve a distinguir de la negociación e incluso de la conflictología, por qué? pues porque los parámetros para analizar la situación de conflicto son distintos a los que se utilizan en una negociación.
El resultado del análisis de la situación de conflicto arrojará como resultado el método a emplear, que en general viene determinado conforme a:
Si el conflicto es manifiesto, la praxis recomienda el empleo de alguno de los métodos que abordan el conflicto. Serán las distintas variables que surjan del estudio del conflicto (escalada, intensidad del mismo, voluntariedad de las partes, etc.) las que marquen el camino o estrategia a seguir, es decir, el empleo de la mediación, negociación, facilitación, orientación, etc.
Si el conflicto no es manifiesto, y se buscan desarrollar acciones o programas preventivos, orientados a la participación, con la finalidad de introducir cambios, la experiencia indica la utilización de los procedimientos basados en la construcción de futuro.
Creo que ha llegado la hora de dotar de calidad a nuestro trabajo y de comenzar a distinguir muy claramente y desde los orígenes mismos, es decir, desde la enseñanza  de la mediación de que va todo esto; el riesgo de no hacerlo es muy importante, podríamos encontrarnos con gente que crea que esta mediando cuando hace una negociación cooperativa.
Citas
1.  Artículo preparado para el Grupo de Investigación en Mediación e Intervención Social (GIMIS) de la Universidad de Alicante.
2. Sigo en tal sentido la denominación empleada por Bernard Mayer en la inteligencia que estamos hablando de diferentes roles o especies (negociación, facilitación, orientación, mediación, etc.) de un mismo genero (gestor u operador de conflicto).
3. Utilizaré esta terminología porque la considero más ajustada tanto en cuanto a nuestro rol, cuanto a las expectativas de los usuarios de los servicios, y finalmente en lo que se refiere a la finalidad a la que disciplina apunta. Dicho en otras palabras, uno de los problemas que encuentro es que al hablar de “resolución” de conflictos es que se crea en el imaginario colectivo la imagen de que sus problemas serán resueltos por aplicación de alguno de nuestros métodos, lo que no es correcto pues va de suyo que no siempre se resuelven los conflictos o diferencias con que las partes acuden, por tanto empleo el termino “gestión”, aunque también parece válido y correcto hablar de “gestión resolutiva”, sin embargo y visto que el acuerdo no es nuestro objetivo prefiero utilizar el término “adecuada” pues nuestra labor ha de concluir allí donde las partes encuentren o no satisfechas sus necesidades e intereses, y ello es tan personal como subjetivo, pudiendo incluso no alcanzar un acuerdo y constituir para las partes la mejor opción en un determinado momento; además veremos que en concreto en la metodología que explicaré, los conflictos (generalmente no manifiestos y latentes) no se abordan y el cambio es la forma de gestionarlos para solucionarlos por vía indirecta. Sin perjuicio de que el debate esta abierto, mis reflexiones e inquietudes sobre el particular no persiguen otro objetivo más que el de ofrecer algunas pistas para futuras investigaciones sobre el particular.
4. Podría de forma no excluyente mencionar a las siguientes disciplinas: sociología, medicina, derecho, neurociencia, biología, psicología, psiquiatría, etc.
5. Hago notar la expresión “dejar de lado el conflicto”, no significa negarle entidad, o desconocer su existencia y efectos. Dejar de lado el conflicto, a estos efectos, significa no abocarse, centrarse o dedicarle tiempo y esfuerzo. Sobre el particular se puede indagar en lo que se ha dado en llamar Mediación Apreciativa.
Bibliografía
Bohm, D. (1997) “Sobre el diálogo”. Kairós. Barcelona.
Dalai Lama (2006) “Ética para el nuevo milenio” trad. de Kumgang Poep Sa Nim Gonzalo Barrieros. Buenos Aires.
Mayer, B. S. (2008) “Más allá de la neutralidad: cómo superar la crisis de la resolución de conflictos” trad. de Raúl Calvo Soler. Gedisa. Barcelona
Voiscovich M. M., coord., (2008) “ Mediación, facilitación y negociación: recopilación de la I jornada de mediación, facilitación y negociación / recopilación”. Disertación en Facilitación por Mc Cormak, C. Editorial Notarial FEN. Buenos Aires.
Franco Conforti. Licenciado en Derecho, Doctorando en Ciencias Sociales certificado con Suficiencia Investigadora (Diploma de Estudios Avanzados) en la Universidad de Castilla La Mancha. Master en Mediación y especialista en Conflictos Organizacionales por la Florida Internacional University de Miami. Miembro del Grupo de Investigación en Mediación e Intervención Social (GIMIS) de la Universidad de Alicante. Panelista en Resolución de Conflictos de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI-WIPO). Arbitro en la Asociación Gallega de Arbitraje, Mediación y Equidad de La Coruña y de la Defensoria del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires. Director General de la Asesoría y Consultora en Gestión de Conflictos Acuerdo Justo®, y como tal Dirige la Revista e-Mediacion y el portal de Mediación Electrónica Mediar On Line. Actualmente es Profesor de Negociación en las Universidades de Castilla La Mancha y Oberta de Cataluña, y Director del Servicio de Mediación Social Comunitaria del Ayto de Alicante. Autor de libros y artículos relacionados con la comunicación, el diálogo y el liderazgo publicados en España, Argentina, Chile, Paraguay, Brasil, Portugal y USA

1135. Roger Fisher

Quito, Ecuador. El 25 de agosto, a los 90 años, falleció el profesor Roger Fisher, fundador del Programa de Negociación de la Escuela de Derecho de la Universidad de Harvard y autor principal, junto con William Ury, de la Teoría de la Negociación por Principios o por Intereses, la más influyente propuesta teórica en ese campo en tiempos modernos.
Junto con otras grandes figuras intelectuales en el campo del manejo y la resolución de conflictos, Fisher merece un sentido homenaje. Fue uno de los ilustrados miembros de la primera, gran generación en ese campo que, a partir de la década de 1960, formuló los marcos teóricos y metodológicos sobre los cuales este se desarrolló. Además, como varios otros de esos grandes precursores, Fisher participó activamente en procesos de paz y de reconciliación, en muchos lugares del mundo, para inmenso beneficio de millones de seres humanos.
Más allá de sus valiosas propuestas teóricas y del enorme despliegue de energía con el cual buscó difundirlas y aplicarlas, Roger Fisher merece ser recordado por su infatigable fe en la capacidad de los seres humanos para encauzar nuestros conflictos hacia menor destructividad. Quienes entre nosotros nunca han sido tocados por la violencia, en cualquiera de sus atroces manifestaciones, tal vez sean incapaces de comprender el grado en el cual esta encoge y oscurece el alma. Quienes sí la conocemos sabemos lo invalorable que puede ser ponerle fin y abrir nuevos horizontes hacia lo que otro de los grandes precursores, el Prof. Herbert C. Kelman, describe como “relaciones mutuamente constructivas”.
A través de sus largos años de intervención en cientos de conflictos de todo orden y de variada magnitud, Fisher enfrentó múltiples críticas y dudas. En el extremo, todo el campo del manejo y la resolución de conflictos es visto por algunos como una manifestación de torpes e infantiles ilusiones. “¿Crees, realmente”, me preguntó alguna vez una escéptica interlocutora, “que los seres humanos podemos vivir en paz?” Creo, como lo creyó Roger Fisher, que sí. No creo que es fácil llegar ahí. Más aún, creo que para muchos, muchísimos de nosotros es muy difícil. Pero sí es factible, y el legado de Fisher constituye uno de los elementos valiosos.
Resulta particularmente apropiado recordar y celebrar la obra benéfica de Roger Fisher, quien me honró con su amistad, en este momento en que el Estado de Colombia ha anunciado el inicio de un proceso de negociaciones que pudiera conducir a la paz en ese atribulado país. La poderosa obra intelectual de aquel gran hombre, los notables logros de paz que esta hizo posible, y el espíritu generoso que la inspiró, son fuentes de cautelosa esperanza para ese y otros procesos de construcción de la paz.
Jorje H. Zalles. El Comercio.com. 03/09/2012

1134. Roger Fisher (1922-2012)

Boston, Estados Unidos. Roger Fisher ’48, a pioneer in the field of international law and negotiation and the co-founder of the Harvard Negotiation Project, died on August 25, 2012. A professor at Harvard Law School for more than four decades, Fisher established negotiation and conflict resolution as a single field deserving academic study and devoted his career to challenging students and colleagues alike to explore alternative methods of dispute resolution.
Harvard Law School Dean Martha Minow said: “Harvard Law School has been profoundly privileged to count Roger Fisher as a treasured colleague, teacher, and leader; the countless problems he solved, lives he changed, and negotiations he led or inspired are an awe-inspiring legacy.”
Through analysis and writing, Fisher’s work laid the foundation on which much of the field of negotiation and conflict resolution has been based. His best-selling book, “Getting to Yes: Negotiating Without Giving In” (co-authored with William Ury in 1981), has been translated into 23 languages and has sold more than 3 million copies worldwide. Prior to the publication of “Getting to Yes,” there were almost no regular courses in negotiation taught at academic institutions. Now there are hundreds, if not thousands, of courses devoted to negotiation.
“Through his writings and teaching, Roger Fisher's seminal contributions literally changed the way millions of people around the world approach negotiation and dispute resolution,” said HLS Professor Robert Mnookin ‘68, chair of the Program on Negotiation at Harvard Law School and director of the Harvard Negotiation Research Project. “He taught that conflict is not simply a‘zero-sum’game in which a fixed pie is simply divided through haggling or threats. Instead, he showed how by exploring underlying interests and being imaginative, parties could often expand the pie and create value.”
In 1979, Fisher co-founded the Harvard Negotiation Project with Ury and Bruce Patton ’84, serving as the director. HNP’s mission is “to improve the theory and practice of conflict resolution and negotiation by working on real world conflict intervention, theory building, education and training, and writing and disseminating new ideas.”
Patton, who co-wrote the 1991 edition of “Getting to Yes”and is a Distinguished Fellow of the Harvard Negotiation Project, said Fisher’s legacy was much broader than his work on negotiation. “Roger sought to build a systematic toolbox for analyzing and diagnosing the causes of any disliked situation and finding practical, effective ways to move it toward a preferred state. Like a hard scientist, Roger believed that one could not build such tools (or teach them effectively) without being able to test and refine them in the crucible of practice.”
According to Patton, Fisher’s efforts contributed directly and materially to multiple steps toward peace in the Middle East, including Sadat’s trip to Jerusalem, and the Camp David summit that led to an Israeli-Egyptian peace treaty; peace in Central America and especially in El Salvador; the resolution of the longest-running war in the western hemisphere between Ecuador and Peru; the breakthrough that enabled resolution of the Iranian hostage conflict in 1980; a fundamental reshaping of the U.S.-Soviet relationship; and the negotiations and constitutional process that led to the end of apartheid in South Africa. Fisher is also recognized as the intellectual father of the “West Point Negotiation Project,” which has trained Army officers and cadets to recognize conflicts and apply the tools of principled negotiation in both peace and war.
Ury, a mediator for more than 30 years, said Fisher had a tremendous influence on students and colleagues. Ury said his own future was shaped by a seminal phone call from Fisher in 1977. As a graduate student in social anthropology, Ury received a call from Fisher praising Ury on his research paper, which proposed an anthropological study of the Middle East peace negotiations. Fisher told Ury that he like his paper so much he sent it to the assistant secretary of State for the Middle East, and wanted Ury to work with him.
“I was stunned. Never had I expected a professor to call me up, let alone invite me to collaborate, or see one of my ideas offered up for practical application,” said Ury. “Roger introduced me to the field of negotiation, taught and mentored me, and shaped my career more than anyone. It would be impossible for me to imagine my work without the inspiration and influence of Roger Fisher."
"Robert C. Bordone ’97, the Thaddeus R. Beal Clinical Professor of Law and the director of the Harvard Negotiation and Mediation Clinical Program, said: “Roger was a master at the art of perspective-taking, of understanding how deep human needs—to be heard, valued, respected, autonomous and safe—when unmet or trampled upon, become seeds of evil and violence, seeds that can cause us to vilify each other, and that motivate us to see the world in stark black-and-white terms. For Roger, the purpose of perspective-taking was never to excuse or justify evil. Rather, it was a way to discover new approaches to diplomacy, to influence and to understanding.”
Daniel L. Shapiro, director of the Harvard International Negotiation Program and associate director of the Harvard Negotiation Project, described Fisher as "my colleague, mentor and close friend." Shapiro said he and Fisher spent hours together conspiring about new ideas to help improve the way people deal with conflict. Their collaboration produced "Beyond Reason: Using Emotions as You Negotiate." Published in 2005, it was the last book Fisher wrote. Shapiro said: "It is telling that this is what he was drawn to write about in his later years of life. Our book is about emotions, about how to help people connect with one another – to find the humanity in even an unsavory adversary. Roger was, at heart, a humanist. He believed in the spirit of the human being to do good in this world, and he had this magical ability to convert the complexity of human behavior into simple principles that anyone could apply to improve the way they deal with virtually anyone."
During World War II, Fisher served in the U.S. Army Air Force in the North Atlantic and Pacific theatres as a weather reconnaissance observer. After discovering that his college roommate and two of his best friends were killed in the war, he dedicated most of his life to finding a better way to deal with the kind of difference that produce war.
Fifty years after his graduation from Harvard College in 1943, Fisher wrote for his Class Report: "Since our freshman year, beginning in the fall of 1939 with World War II, the primary focus of my interest has been how the world copes with its conflicting values, perceptions, wants and needs. After losing my roommate and some of my best friends in war, I knew we had to find a better way for people to deal with their differences."
After graduating from Harvard Law School in 1948, Fisher passed up a clerkship for chief judge of the United States Court of Appeals for the Second Circuit Learned Hand to move to Paris where he worked on the Marshall Plan under W. Averell Harriman until 1949.
After returning to the United States, Fisher worked for the Washington D.C. law firm Covington & Burling from 1950 to 1956, with most of his work dealing with international issues. From 1956 to 1958, he served as an assistant to the U.S. Solicitor General in the Department of Justice. In 1957, Fisher argued for the United States in Roth v. United States, a landmark obscenity case, and won.
Fisher joined the Harvard Law School faculty in 1958 and became a full professor of law in 1960. In 1976, he became the Samuel Williston Professor of Law. In 1992, he was named a professor emeritus. He also taught at Harvard's Kennedy School of Government, the London School of Economics, the Naval War College, Air War College and the NATO Defense College.
During the 1960s, he served as a consultant to John McNaughton, assistant U.S. secretary of defense for International Security Affairs. Some of his suggestions for ways to end U.S. involvement in Vietnam are documented in “The Pentagon Papers.” Fisher went on to publish a critique of U.S. policy failures in Vietnam in his 1969 book “International Conflict for Beginners.”
A strong advocate for using the medium of television as a means to disseminate both legal issues and current events to a broader audience, Fisher proposed the Peabody Award-winning television program “The Advocates,” in 1969. The program focused on “stimulating public participation, and understanding, by focusing on realistic choices that must be made in the future, by having both sides of the question presented, and by demonstrating the interest that public officials have in both reasoned arguments and the views of their constituents.” Fisher served as executive producer from 1969 to 1974, and then again from 1978 to1979.
In 1970, in connection with a segment of “The Advocates,” Fisher became the last westerner to interview President Nasser of Egypt and his questions elicited from Nasser an unexpected willingness to accept a cease-fire with Israel in the “war of attrition,” then raging along the Suez Canal. Fisher brought the interview to the attention of Under Secretary of State Elliot Richardson ‘47 and thus helped stimulate what became known as the Rogers Plan (named for Nixon’s Secretary of State William Pierce Rogers) that ultimately produced a ceasefire
Through the consulting firms of Conflict Management Inc. and Vantage Partners, and with the nonprofit Conflict Management Group (now part of Mercy Corps) which he co-founded, Fisher taught and advised corporate executives, labor leaders, attorneys, diplomats, and military and government officials on settlement and negotiation strategy.
This past April, Fisher was honored for his contributions to Harvard Law School and the field of negotiation with a celebration of his career at the law school. The event also marked the opening of his papers in the Harvard Law School Library’s Historical and Special Collections. The papers, spanning 60 years of Fisher’s career as a lawyer and an academic, include such diverse materials as notes related to his books, as well as his work on the television series “The Advocates.”
For 62 years, Fisher was married to Caroline McMurtrie Speer, who died in 2010. He is survived by his two sons, Elliott S. Fisher (Harvard College BA 1974, Harvard Medical School MD 1981, University of Washington MPH 1985), professor of medicine and director for population health and policy at The Dartmouth Institute; and Peter R. Fisher (Harvard College BA 1980, Harvard Law School JD 1985), who worked for the Federal Reserve Bank of New York and as Undersecretary of the Treasury, and is now senior managing director of BlackRock. He is also survived by two brothers, John V. Fisher (Harvard College SB ’42) and Francis D. Fisher (Harvard College AB 1947, Harvard Law School JD 1951), and five grandchildren.
In 2002, at a celebration in honor of Fisher’s 80thbirthday at Harvard, the late economist John Kenneth Galbraith said of his friend and colleague: “Whenever I thought, ‘Someone should do something about this,’ it eased my conscience to learn that Roger was already working on it.”
Harvard Law School.edu.27/08/12
http://www.law.harvard.edu/news/2012/08/27_roger_fisher_1922_2012.html

The Program on Negotiation Mourns the Loss of Co-Founder Roger Fisher
Boston, Estados Unidos. Roger Fisher, co-founder of the Program on Negotiation and the Harvard Negotiation Project, died on August 25 at age 90. A true pioneer and leader, he helped launch a new way of thinking about negotiation, and he worked tirelessly to help people deal productively with conflict.
“Through his writing and teaching, Roger Fisher’s seminal contributions literally changed the way millions of people around the world approach negotiation and dispute resolution,” commented Professor Robert H. Mnookin, Chair of the Program on Negotiation at Harvard Law School. “He taught that conflict is not simply a ‘zero-sum’ game in which a fixed pie is divided through haggling or threats. Instead, he showed how by exploring underlying interests and being imaginative, parties could often expand the pie and create value. Here at the Program on Negotiation and the Harvard Negotiation Project, both of which Roger helped launch, we, his colleagues, are committed to carrying on his work of improving the theory and practice of negotiation and dispute resolution.”
What started as a simple question, “What is the best way for people to deal with their differences?” became the first line of Getting to Yes: Negotiating Agreement Without Giving In, which Roger Fisher co-authored with William Ury and Bruce Patton. This landmark book, which has sold over eight million copies, has been translated into 36 languages.
The ideas in Getting to Yes were truly revolutionary. Instead of coaching a party in dispute to fight competitively, the authors showed that you could give the same advice to both sides of a conflict – have a fair process, prepare well, inquire carefully, listen to learn, separate the people from the problem, and explore options to increase value – and both sides were likely to do better than they would have otherwise.
As his colleague Bruce Patton noted, “Roger sought unabashedly to ‘change the world,’ and he did so profoundly.”
On April 8, 2012, Harvard Law School honored Roger Fisher with a celebration of his career, research, and contributions to both the HLS community and the field of negotiation. The event included the opening of Roger Fisher’s papers in the Library’s Historical and Special Collections.
A video discussion of the beginnings of the Program on Negotiation, which they launched, included Roger Fisher and several colleagues. A band of negotiation scholars who helped found a field, they have remained collaborators for over 25 years. This video clip is an excerpt from a longer video, “A Conversation with the Founders: Reflections on the Program on Negotiation’s Beginnings”. For information on this and other materials relating to Roger Fisher, visit the PON website.
Susan Hackley.  Program on Negotation.Harvard.edu. 27/08/12
The Founders of PON (Excerpt)

Roger D. Fisher, Expert at ‘Getting to Yes,’ Dies at 90
Nueva York, Estados Unidos. Roger D. Fisher, a Harvard law professor who was a co-author of the 1981 best seller Getting to Yes: Negotiating Agreement Without Giving In” and whose expertise in resolving conflicts led to a role in drafting the Camp David accords between Egypt and Israel and in ending apartheid in South Africa, died on Saturday in Hanover, N.H. He was 90.
The cause was complications of dementia, his son Elliott said.
Over his career, Professor Fisher eagerly brought his optimistic can-do brand of problem solving to a broad array of conflicts across the globe, from the hostage crisis in Iran to the civil war in El Salvador. His emphasis was always on addressing the mutual interests of the disputing parties instead of what separated them. As he would tell his students, “Peace is not a piece of paper, but a way of dealing with conflict when it arises.”
It did not matter to Professor Fisher whether the warring parties reached out to him or not; he would assume they needed his help. “Most of the time he was not invited. He would invite himself,” Elliott Fisher said. “Our sense growing up was that he would read the newspaper and think, ‘Oh, shoot, there is something to fix."
For example, when a rebel group took hostages at the Japanese Embassy in Lima, Peru, in 1997, his son recalled, Professor Fisher found a way to contact the president of Peru, Alberto Fujimori, and gave him suggestions for how to dampen the sense of crisis, including restoration of the power and water in the embassy. This strategy won the freedom of the majority of the hostages. In the end, however, Peruvian forces stormed the embassy, killing all 14 of the rebels and rescuing all but one of the 72 remaining hostages.
Professor Fisher is credited with helping initiate the summit meeting between the Soviet leader Mikhail S. Gorbachev and President Ronald Reagan in 1985, convincing Reagan staff members that just meeting to brainstorm and build relations was more important than settling a specific agenda.
In 1979, Secretary of State Cyrus R. Vance went to Professor Fisher’s house on Martha’s Vineyard before the meeting at Camp David that would lead to a peace agreement between Egypt and Israel.. Professor Fisher suggested to Mr. Vance the “single negotiating text” method that was used to bring the parties together, said Bruce M. Patton, who wrote “Getting to Yes” with Professor Fisher and worked on many diplomatic projects with him. The strategy involved having President Jimmy Carter alone be responsible for writing solutions and letting the other leaders shape the treaty through a back-and-forth critiquing process.
In 1991 in South Africa, Professor Fisher and former students led workshops with both the Afrikaner cabinet and the African National Congress negotiating committee leading into talks to end apartheid and to establish a new constitution.
His upbeat approach to some of the world’s most intractable problems led some critics to assert that he was unrealistic. But Mr. Patton said Professor Fisher recognized and relished the “complexity and irrationality” of the situations he addressed.
Although Professor Fisher mostly worked behind the scenes, he did create and moderate a series on public television called “The Advocates.” A court-style program that took on one policy issue at a time and examined it in detail from different perspectives, it ran for several years on PBS and won a Peabody Award.
“Getting to Yes,” which he wrote with Mr. Patton and William Ury, has sold millions of copies and been translated into 36 languages, and has been used by leaders in business and government. Professor Fisher also wrote other books and co-founded the Harvard Negotiation Project, which teaches conflict resolution skills to students and to international parties in the midst of a dispute.
Roger Dummer Fisher was born May 28, 1922, in Winnetka, Ill. His mother, Katharine Dummer Fisher, had relatives who had ridden the law circuit with Abraham Lincoln; his father, William T. Fisher, a lawyer, was the son of Walter L. Fisher, secretary of the interior in the Taft administration.
On the eve of World War II, Professor Fisher attended Harvard University. Upon graduating he volunteered for the Army, where he served from 1942 to 1946 doing weather reconnaissance in both the North Atlantic and Pacific theaters. Four of his eight college roommates died in combat; that, as well as seeing the aftermath of battle, persuaded him to dedicate his life to helping avoid war.
After graduating from Harvard Law School in 1948, he served on the Marshall Plan staff and as assistant to the solicitor general in the Eisenhower administration before joining the Harvard law faculty in 1960.
In addition to his son Elliott, Professor Fisher is survived by another son, Peter; two brothers, John and Frank; and five grandchildren. His wife of 62 years, the former Caroline Speer, died two years ago.
Professor Fisher stayed active in advising diplomats until about seven years ago, when illness made him too weak. His constant advocacy was a force many of his friends found comforting.
His family recalled that when Professor Fisher celebrated his 80th birthday, his colleague John Kenneth Galbraith toasted him by saying, “Whenever I thought, ‘Someone should do something about this,’ it eased my conscience to learn that Roger was already working on it.”
A version of this article appeared in print on August 28, 2012, on page A16 of the New York edition with the headline: Roger D. Fisher, Expert at ‘Getting to Yes,’ Dies at 90.
Leslie Kaufman. New York Times.com. 27/08/12

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