Querétaro, Querétaro. En este
nuestro México hemos sido educados a pensar el conflicto como algo negativo; en
efecto, en ocasiones genera enfrentamientos.
Sin
embargo, el conflicto puede verse también desde otro punto de vista: crea la
posibilidad de innovación, de competencia y de trasformación positiva.
Veamos:
cuando estamos en medio de un problema, en la mayoría de las ocasiones siempre
dirigimos nuestras energías en contra del otro, al que comúnmente llamamos
contrincante; es decir, somos duros con las personas, y suaves con el problema.
Curiosamente olvidamos las razones principales del problema de origen y
mantenemos una lucha tenaz con la otra parte para buscar ganar a como dé lugar.
Dentro
de esta lucha buscamos de manera subjetiva mantener nuestra posición por encima
del verdadero interés o necesidad, que dicho de paso, no son lo mismo.
El
término “posición” tiene su base en el “qué”, es decir aquella que mantiene a
una de las partes en su posición original: “me debes la renta” “ese piano es
mío” o “págame lo que me debes”. Es la razón objetiva que externamos dentro del
conflicto. La posición es inflexible, y pocas veces negociable; por tanto, mantenernos
siempre en esta postura seguramente entorpecerá un posible acuerdo porque no
estamos dispuestos a mover nuestro enfoque en aras de la solución del
conflicto.
Por su
parte el vocablo “interés” denota lo que subjetivamente pretendemos, el “para
qué”. Es la raíz interpersonal del conflicto, y donde muchas veces radica el
verdadero problema. Por ejemplo: para algunos ya no es importante si me debes
la renta o no, o si el piano en una herencia…lo que importa a la parte en
conflicto es una necesidad más bien emotiva que subyace incluso a veces de
manera inconsciente; hay una necesidad insatisfecha -muchas veces afectiva- que
impide solucionar el conflicto.
Cuando
dos partes desean cosas diferentes en una misma situación es siempre importante
a) mantener una actitud de diálogo abierto, b) es cierto que vamos a luchar por
obtener “la posición más favorecida” en la negociación; c) pero también debemos
tener como pensado el coloquialmente conocido como “plan b”: el llamado MAAN:
“Mejor Alternativa a un Acuerdo Negociado” que siempre será mejor tenerlo como
una segunda opción posible y aceptable.
También
es importante saber apreciar una buena negociación, y ésta habrá sido un éxito
cuando las partes no se hicieron concesiones graves que dejen una renuncia de derechos
o insatisfacción de ellos. Hay buena negociación cuando el acuerdo es legítimo
para ambas partes; es decir nadie se ha aprovechado de nadie. Y lo más
importante es que una buena negociación mantiene las relaciones personales de
las partes o incluso las mejora.
La
transformación positiva de los conflictos debe ser promovida entre nuestros
niños, desde la casa y las aulas. Generar en los niños y jóvenes la posibilidad
de motivar una cultura de diálogo y de paz a partir de nuevas premisas: Ser
suave con las personas y duro con el problema.
Arturo
Molina Zamora. El Universal Querétaro.mx. 08/09/13
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