Cultura de Paz y Mediación de José Benito Pérez Sauceda

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1183. Mediación: una salida al conflicto israelí-palestino

Madrid, España. La sociedad está consternada por los distintos hechos violentos que sucedieron en Palestina e Israel.
Sobre el origen del conflicto entre Israel y Palestina, se ha escrito mucho y hay diversas versiones acerca del mismo. Para algunos el origen de este conflicto remonta al período colonial y al surgimiento de movimientos nacionalistas en Europa y Oriente Medio. A finales del siglo XIX, en las provincias árabes del Imperio Otomano surgieron movimientos nacionalistas que tenían como objetivo reivindicar la autodeterminación de la población autóctona y la identidad árabe, mientras que en Europa se articuló el movimiento nacionalista llamado sionismo, el cual apoya la creación de una entidad estatal para los judíos de todo el mundo. A pesar de ser un movimiento laico, el sionismo vio en Palestina un lugar ideal para constituir su proyecto nacional, el judaísmo, propiciando así, la instalación de judíos europeos en este territorio bajo administración Otomana, dicha inmigración va en aumento bajo el mandato británico entre 1920 y 1948 (el sistema de mandatos es estable para las colonias derrotadas en la segunda guerra mundial).
Los dos ideales nacionales, el árabe-palestino y el sionista, se confrontaron cuando la comunidad judía inmigrante comenzó a tomar el control territorial, creando instituciones propias y prácticas distintas respecto a los árabes. Poco a poco la violencia en esos años fue aumentando y tras la segunda guerra mundial, las Naciones Unidas propone formalmente (resolución 181, del 29 de noviembre 1947) partición de Palestina, bajo protectorado británico, en dos Estados, uno judío y otro árabe. Esta propuesta fue rechazada por los árabes, ya que desde su perspectiva legalizaba a las colonias sionistas, mientras que en 1948 la comunidad judía si acepta la creación del Estado de Israel, lo que desencadenó que los vecinos árabes se sumaran al movimiento palestino, mientras el Estado Judío también buscó aliados y desde esas fechas, de manera intermitente ha estado más acentuado el conflicto palestino-israelita, hasta la actualidad.
El costo de los conflictos para estas dos comunidades, la judía y la árabe-palestina, ha sido muy alto por la gran pérdida de vidas humanas. La oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (UNOCHA) ofrece datos de periodos más concretos: entre los años 2000 – 2007 perdieron la vida 6000 palestinos y entre diciembre de 2007 y enero de 2008 murieron 1500 personas a consecuencia de los ataques israelíes que azotaron Gaza, esto sin contar el número de refugiados que han perdido la vida y de los cuales no se tienen datos precisos.
Con relación al coste del conflicto para Israel, según los datos de Strategic Foresight Group, 25. 000 israelíes (en su mayoría soldados) han perdido la vida desde el inicio del conflicto hasta 2009 y la cifra se va incrementando con los años. Sobran las razones para preocuparnos.
¿Qué hacer ante el conflicto armado entre israelitas y palestinos?
Los conflictos armados son complejos. Por eso no basta la diplomacia internacional tradicional que realizan los gobiernos para ayudar a las partes a negociar la paz.
La magnitud del conflicto armado y sus fatales consecuencias por la pérdida de vidas humanas, destrucción de infraestructura, desplazados, refugiados, inestabilidad política, ruina económica de los países en guerra, inversión en adquisición de armas en desmedro de los recursos necesarios para atender las necesidades colectivas, entre otras fatales consecuencia, obliga a convocar la presencia masiva de la población y sus organizaciones, no para tomar partido a favor o en contra, sino para promover la paz entre los sectores enfrentados
Esta participación masiva de la población, al margen de lo que puedan hacer los gobiernos, es una variante de la mediación, apropiada para usar en conflictos armados, se la conoce como “multi-track Diplomacy” o “Diplomacia Paralela” o “Diplomacia Ciudadana”, que con algunos matices diferenciales, implica la participación, no solo de gobiernos, sino también de ciudadanos y organizaciones no gubernamentales, que sin previo acuerdo con los gobiernos o grupos en conflicto armado, ni haber sido designados previamente como mediadores o negociadores, intervienen voluntariamente para opinar, escribir, manifestar públicamente, recomendar, hacer propuestas, procurar mayor involucramiento de la sociedad, para lograr la atención de las partes en conflictos y la mayor atención de la población, con el sano propósito de motivar a las partes para que no abandonen las negociaciones para lograr la paz.
Estos mediadores voluntarios, no ejercen cargos de representación gubernamental, ni son designados oficialmente por las partes en conflicto, no suelen estar presentes en las mesas de negociaciones, aunque pueden ser consultados, según la confianza que merezcan de las partes.
Los mediadores multi-track o diplomáticos paralelos o diplomáticos ciudadanos, son ciudadanos u organizaciones, que actúan por su propia cuenta, sin concierto con la diplomacia de los países ni con las partes en conflicto, que asumen mayores riesgos que los Estados porque no comprometen la neutralidad o soberanía de sus respectivos países, suelen proceder de movimientos sociales a favor de los derechos humanos, del mundo académico, estudiantil, gremial, iglesias, artistas, medios de comunicación, entre otros, cuyo propósitos es procurar la paz entre los países en conflicto y sensibilizar a la sociedad para no permanecer indiferentes ante los problemas colectivas contrarios a los derechos humanos y a los derechos humanitarios en contextos bélicos.
Mary Anderson y Lara Olson opinan que la eficacia de esta diplomacia ciudadana es posible cuando propicia iniciativas de paz, reformas políticas, deslegitimación de la violencia para abordar diferencias y aumenta la seguridad de la población.
Es requisito importante que estos mediadores se ganen la confianza de las partes en conflicto, para ser tomados en cuenta y que eventualmente sean consideradas sus propuestas, por tanto no deben hacer lobby a favor de una de las partes porque al perder la neutralidad, pierden credibilidad y confianza.
Es la invitación que hago: asumir roles de mediación multi-track o diplomacia paralela o diplomacia ciudadana para apoyar los procesos de negociación a favor de la paz en el contexto Israelí-Palestina. Son seres humanos los unos y los otros que merecen nuestra atención y ayuda. Aprender a convivir para apoyar todo cuanto sea natural a la protección de los derechos humanos y humanitarios, con neutralidad, sin juzgar ni criticar, sin clasificar entre buenos y los malos y sin tomar partido, es una permanente asignatura que necesitamos aprobar para convivir en paz. Para lograrlo necesitamos adiestramiento como diplomáticos paralelos o multi-track, articulados o no con los gobiernos y sin requerir designación formal. Es mi propuesta.
María Alejandra Ramírez Cuenca. Consultora experta en negociación internacional, mediación mercantil y organizacional. Especialista en mercados internacionales (China, EE.UU. y Venezuela) Presidenta de ADR Global Group y miembro del Comité de Dirección del Foro Mundial de Mediación.
María Alejandra Ramírez Cuenca. Diario Jurídico.com 28/11/2012
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Mediación Monterrey. Por una regia y pacífica solución. Creador/Coordinador: José Benito Pérez Sauceda. Mediación Monterrey desde 2008.

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