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Cultura de Paz y Mediación de José Benito Pérez Sauceda

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684. La era del Mediador

Barcelona, España. Los mediadores están de moda. Su trabajo consiste en interponerse entre dos o más personas que están enfrentadas por algún motivo e intentar que la cosa no pase a mayores. Los hay que interceden entre vecinos, entre padres e hijos o entre inmigrantes y aborígenes. ¡Y funciona!
En Nazaret, un barrio valenciano en el que sobran bares carajilleros y falta trabajo, la policía local ha puesto en marcha un programa de formación para que sus agentes dominen las técnicas de mediación y, por el diálogo, resuelvan conflictos vecinales que, de otra manera, podrían terminar en los juzgados o en enfrentamientos personales más graves. El intendente general de la policía local, Rafael Mogro, detalla algunos casos en los que se han alcanzado acuerdos: un conflicto entre vecinos por el ruido que ocasionaban los niños de una vivienda, cuyo cuarto de juegos estaba justamente encima del dormitorio principal del piso de abajo. La situación se solucionó con el compromiso de los propietarios del piso de arriba de trasladar la habitación infantil y ponerle una alfombra. En otro caso, un menor quemó el chándal de otro al explotar un petardo. El acuerdo se cerró con el compromiso del chaval de pagar la mitad de la cuantía de la prenda quemada con su paga semanal.
En León, los profesores de algunos institutos buscan a alumnos respetados por sus compañeros para prevenir actitudes xenófobas y que desciendan los casos de violencia dentro de las aulas. De momento, “los diplomáticos del instituto”, según los califica el 'Diario de León', están consiguiendo lo que no pudo la sanción disciplinaria más común en estos casos (la expulsión por cinco días): que los estudiantes solucionen por sí mismos sus diferencias. En Madrid, mediadores interculturales se relacionan con pandillas rivales para que todo acabe como en 'Grease' (con el acuerdo entre los T-Birds y las The Pink Ladies) y no como en 'Gangs of NewYork' (con 'Los conejos muertos' enfrentándose a los nativos liderados por Bill Cutting, el carnicero).
Sin embargo, si hay que buscar una comunidad autónoma de referencia probablemente sea Catalunya. Según el libro blanco de la mediación, en el 2008 se celebraron 141.602 mediaciones, que afectaron a 154.384 personas, y que abordaron desde conflictos entre vecinos (muy particularmente ocasionados por ruidos o por las molestias originadas por animales domésticos) hasta separaciones matimoniales, pasando por discusiones por las basuras, reclamaciones de consumidores o el proyecto de construcción de una mezquita.
Óscar Negredo, un mediador de 34 años que antes de dedicarse a esta profesión trabajó como educador social, relata un conflicto en el que intervino que recuerda al argumento de alguna película de Spike Lee. “Una vez me llegó el caso de una vecina que se las tenía con la dueña de un bar. Cuando esta persona bajaba al perro a la calle Llorer, en La Florida (un barrio de l´Hospitalet de Llobregat), y el animal orinaba, acababa en la terraza del bar de marras, ya que la calzada tenía pendiente. Después de un enfrentamiento, a la dueña del perro le dio un telele y hubo que llevársela en ambulancia. Así empezó la mediación”, cuenta.
“Sin embargo –continúa Negredo–, el caso afectaba a todo el barrio al tratarse de dos personas conocidísimas que se habían enzarzado en una guerra sin cuartel. Los hijos de cada una de ellas tenían sus grupos y se habían amenazado. Pronto nos dimos cuenta de que el pipí era sólo la punta del iceberg y que aquello era un polvorín”, recuerda.
“Finalmente, la cosa acabó con una catarsis emocional en la que no faltaron llantos y perdones. Ambas sobreactuaban y sacaban beneficios del conflicto: tenían seguidores y se sentían importantes. Hubo que trabajar mucho y conseguir que los dos grupos enfrentados reinventaran su vida una vez alcanzada la paz. Algo parecido a lo que hay que hacer en algunos conflictos internacionales”, explica este mediador, que dice no haber sido nunca amenazado, por más que conozca casos.
Porque... ¿quiénes son exactamente estos 'apagafuegos'? De entrada, en un 75% son mujeres, tal vez porque tienen mayor tradición a la hora de resolver los conflictos por la vía del diálogo en comparación con los hombres, “que acostumbran a ser más contundentes”, por decirlo en palabras de Concha Gómez, una mediadora de Madrid. En cuanto a su perfil profesional, predominan los abogados por delante de los psicólogos. Un dato más: las mediaciones se suelen saldar con éxito en un 75% de los casos.
Ignacio Bolaños, doctor en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid e impulsor del Instituto de Mediación y Gestión de Conflictos (Imedia), calcula haber formado en los últimos doce años a alrededor de 700 mediadores. Una de sus palabras clave es “legitimar”. “Ser mediador implica –dice este experto– ponerse en la piel del otro y tener capacidad de escuchar sin juzgar. También es de gran importancia conseguir ser empático y propiciar que personas que están enfrentadas exterioricen sus sentimientos y lleguen a un acuerdo aceptable en el que no haya ni un ganador ni un perdedor. En eso consiste es legitimar: ponerse al lado de las personas y no de los hechos”, aclara.
Luego relata algunas de las técnicas que utiliza. Por ejemplo, para mostrar neutralidad y equilibrar el poder, contrapesa la cantidad de tiempo que establece contacto visual con las dos personas enfrentadas. “En cuanto a la parcialidad consecutiva, no es más que posicionarse de forma equidistante y de escuchar primero los argumentos de uno y luego del otro”, revela.
Óscar Negredo, por su parte, se refiere al método biográfico. “Una de las cosas que suelo hacer es pedir a las personas que hablen de su vida, desde dónde nacieron hasta a qué se dedican. Y que se olviden por unos momentos del conflicto. El objetivo es buscar las cosas que nos unen en lugar de deshumanizar al adversario”, indica. Por lo demás, cada mediador trabaja su ecuanimidad de forma distinta. A Óscar Negredo le va bien nadar. En cambio, la madrileña Concha Gómez recurre a la meditación zen, aunque lo dice un poco recelosa de que la simple mención de la palabra “meditación” ponga en guardia a la lectora o lector.
Todos ellos coinciden en que el secreto es crear “un clima”, dice Marcela Çaldumbide, una mediadora que trabaja previniendo conflictos en el colegio Nuestra Señora de la Consolación de Madrid, “que permita compatibilizar intereses encontrados y avanzar hacia el interés común”.
El filósofo José Antonio Marina, un auténtico faro en todo lo relacionado con la mediación, lo explica así: “Se trata de no quitar la razón a nadie, sino de propiciar un punto de encuentro”. “Siempre es tentador resolver una disputa utilizando los valores de uno mismo. Pero el mediador no es un juez, sino alguien que propicia que las partes no se encastillen y zanjen por sí mismas sus diferencias”, indica, tras explicar que la figura del mediador la ejercían el jefe de la tribu o las mujeres de más edad en África.
Un argumento más para seguir apostando por un sistema que consigue lo que no logran los jueces o las cárceles: que la propia sociedad haga justicia a partir de un sistema muy primitivo en el que cada persona es parte y a su vez juez
Óscar Negredo: "Quería coger la escopeta y cargárselos a todos"
Escuchar casi cada noche a un grupo de inmigrantes toneando hasta las tantas, agarrando trancas, lanzando alaridos y parrandeando al son de la música, podría dar la razón a los psicólogos que opinan que tenemos una personalidad dominante y otras que se manifiestan menos.
Esto explicaría, por ejemplo, que a un vecino de Bellvitge (l’Hospitalet, Barcelona) le rondara por la cabeza coger la escopeta y personarse en la cuchipanda, por más que, afortunadamente, Óscar Negredo llegara antes para estrenarse como mediador ciudadano. “Cuando tienes un conflicto, una de las primeras fantasías es que desaparezca tu adversario. Pero en la vida real eso no pasa, así que es mucho más práctico llegar a un acuerdo. La clave es propiciar las condiciones para que las dos partes se conozcan y se escuchen. No se trata de pedir perdón, sino de dar la posibilidad a las personas de entender lo que sucede, de ponerse en la piel del otro de cara a lograr un acercamiento humano que responsabilice con vistas al futuro”, explica Negredo.
“Finalmente” –cuenta este mediador de 34 años– “el hombre aceptó la mediación a regañadientes. Pero la cosa acabó bien. Tras un mes y medio y varias entrevistas, el grupo se comprometió a no molestar más, algo que este aceptó de buen grado. Incluso ofreció que si alguna vez querían hacer una fiesta y se lo comunicaban, no pondría impedimento”.
Según Negredo, la zona norte de l´Hospitalet, “una de las más densas de Europa”, es de las más conflictivas, ya que se produce un cóctel explosivo entre inmigrantes jóvenes, que están en una fase expansiva, y personas autóctonas de mayor edad, que necesitan tranquilidad
La Vanguardia.es. Vida. 5/2/2011
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